domingo, 29 de abril de 2012

Foto  Francisco Mas Manchon
 


     Hay personas a las que ciertas cosas no les pasan desapercibidas.  Hay quienes deciden que su salvación está en pequeños actos, escapando de las insaciables jaurías humanas.  También hay quienes mueren y quieren que sus cenizas sean esparcidas en un campo de football.  Ríos humanos, cuerpo sobre cuerpo, fundidos en la sangre que alimenta esta nueva Babel.  La sangre de todas las victorias y todas las derrotas.  El lenguaje humano que se oculta siempre en un taller sin pan.  El canto de un nuevo mundo.  
     Vivir con la condena del presente se ha transformado en una costumbre poco atractiva: ver la cotidianidad sin arte.  Borrar de los hábitos las postales, los libros, los bancos de los parques.  Quedarse vagando para siempre entre las horas del yugo y las del sueño sin despertarse jamás.  Pertenecer a la historia desde la penumbra, desde un rincón donde no se decide quién será el próximo en abandonar su casa.
     Hoy Ramón Loureiro ha soñado que cosía un libro que no existe.  Pero no es un sueño.  Todos cosemos las páginas de libros que no existen.

Adriana Fernández Lagoa
29/04/2012

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